Ante las Elecciones en la provincia de Cordoba

¡ABAJO EL “PARTIDO NEOLIBERAL CORDOBÉS”!










Patria y Pueblo – Zonal Córdoba celebra el lanzamiento de la candidatura a gobernador de nuestra provincia del Cro. Eduardo Accastello y llama a los cordobeses a votar en julio a quienes sostienen,  aquí, la política adoptada por Néstor Kirchner en el 2003, y continuada luego por la presidente actual,  Cristina Fernández de Kirchner. La militancia del campo nacional y popular cordobés tiene, hoy, la  oportunidad de luchar por una meta clara, y de una enorme trascendencia: terminar con el ciclo de gobiernos antipopulares, neoliberales y retardatarios que padeció la provincia durante 40 años, desde un lejano febrero de 1974, en que un alzamiento policial derribó al gobierno de Obregón Cano y Atilio López, que buscaba inspirarse en las jornadas del Cordobazo.

La provincia y su capital sufrieron particularmente la represión del Proceso, y su regresividad en el campo económico-social, con el desmantelamiento industrial y la primarización de la economía. Y, lamentablemente, no tuvieron un cambio, en este último sentido, al restablecerse la democracia en 1983. Es cierto que en el país se impusieron políticas que no alteraban el rumbo seguido por la dictadura cívico-militar del general Videla y Martínez de Hoz. Pero el radicalismo cordobés adoptó en tal sentido un sesgo más acentuado aún, y con gran irresponsabilidad rifó lo que estaba todavía en pie, el patrimonio de los bancos del Estado Provincial y las empresas públicas. Y, desalojada aquí la UCR del poder (Angeloz y Mestre), el delasotismo profundizó esa orientación neoliberal , esas mismas políticas, mientras lograba el prodigio –con los gobiernos de Menem como referencia nacional– de modificar las bases sociales del peronismo (o pejotismo) provincial, que antiguamente respaldaba lo más progresivo de la sociedad local (los trabajadores y las clases medias pobres), transformando a la fuerza fundada por Perón en la representación de los núcleos del poder económico concentrado y los sectores más retardatarios del interior provincial y la llanura pampeana. Al mismo tiempo, ya que la honestidad en el ejercicio del poder es incompatible con políticas que favorecen a los ricos y mandamases, una corrupción generalizada fue tornando aborrecible la práctica de la política para amplios sectores de la opinión pública, abriendo camino a experimentos “apoliticistas”, que eran inaptos para salir de la decadencia. 

No es posible ignorar, por otra parte, los desaciertos que reiteraron la búsqueda de un “acuerdo” entre el kirchnerismo, nacional, y la variante delasotista del “partido único neoliberal cordobés”, conjunto integrado hoy por la UCR, UPC, el Frente Cívico y el PRO: compiten electoralmente, pero acuerdan  en la defensa de las mismas políticas, con el patrocinio compartido de la Fundación Mediterránea.

Vamos a pelear, al fin, por gobernar la provincia. Es posible acabar con 40 años de atraso y reacción, corrupción y desquicio. Una clara definición de Cristina Kirchner ha cerrado la etapa de los cabildeos y especulaciones en el kirchnerismo local y lo ha encolumnado tras una figura con bases propias. Es, a nuestro juicio, una expresión de coherencia. Hay que agrupar las fuerzas populares, convocar con amplitud a todos los componentes del campo nacional, buscar el apoyo de los trabajadores y el pueblo, e invocar el espíritu de la Córdoba nacional, popular, democrática y rebelde.   

Córdoba, 16 de abril de 2015
PARTIDO PATRIA Y PUEBLO – SOCIALISTAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL – ZONAL CÓRDOBA

Ya salió PYP 53!!! Lee nuestra editorial

CONFIAR EN LAS MASAS
Por Nestor Gorojovsky
Secretario General del Partido Patria y Pueblo


En cinco artículos de fondo, el diario La Nación expuso la estrategia de la oligarquía argentina ante la coyuntura electoral del corriente año a principios de marzo de 2015. Es simple: azuzar a los integrantes del campo nacional a que se desangren mutuamente en una interna salvaje, mientras los partidos del bloque antinacional ofrecen un abanico de opciones a los heridos en el combate en la primera vuelta electoral. En segunda vuelta, el abanico se cerrará firmemente para darle la victoria final al candidato del estáblishment, que será el segundo frente al de nuestro frente.

No relataremos la argumentación en detalle, porque llevaría un lugar que no tenemos. Pero los que deseen corroborar cuanto acabamos de afirmar pueden dirigirse a los siguientes sitios web:
http://www.lanacion.com.ar/1776353-el-pj-tradicional-y-el-kirchnerismo-puro-se-preparan-para-la-puja
http://www.lanacion.com.ar/1776355-duhalde-presidira-un-consejo-del-pj-anti-k
http://www.lanacion.com.ar/1776356-cristina-y-maximo-podrian-ir-a-las-listas
http://www.lanacion.com.ar/1776312-junto-a-das-neves-massa-prometio-mantener-aerolineas-y-la-auh

Frente a la riesgosísima perspectiva (que no es la única por otra parte, como se verá más abajo) de que este panorama deseado por el mitrismo se haga realidad, los representantes orgánicos de la clase trabajadora decidieron, independientemente, que era urgente encolumnarse desde ahora tras el candidato de nuestro campo que, al momento de la ofensiva ideológica mitrista, más popular aparecía en todas las encuestas.

Las dos CGT que cuentan (Azopardo y “Balcarce”, Moyano y Caló), dieron su apoyo, como es sabido, a Daniel Scioli, el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Inicialmente, dio la sensación de que la conducción política del Frente para la Victoria (FpV), casi como un bloque, decidió –a diferencia de las conducciones cegetistas- seguir las instrucciones de La Nación.

El Dr. Randazzo inició un esmerilamiento de Daniel Scioli que acompañaba con enjundia digna de mejor causa casi todo el equipo periodístico de “678”. Tan agudo era este último ataque que hasta Atilio Borón, una vez que fue invitado para hablar sobre Venezuela, antes de dedicarse a lo suyo recomendó a sus anfitriones que dejasen de promover polémicas que pudieran determinar una fractura desordenada del FpV.

Ya en febrero, por lo demás, era innegable que otros integrantes de la Cámpora (Mussi, Uribarri) habían tomado por blanco a Scioli al punto de que el primero, en un acto en el que compartía palco con él y la Presidenta, aludió no sin excesiva transparencia a los traidores de “adentro”, que eran el verdadero enemigo. Una verdadera pena, ya que tanto Mussi padre como su hijo están haciendo una gestión ejemplar y no necesitan atacar a un hombre que no puede defenderse, menos aún en presencia de la Presidenta de la Nación y ante un público masivo.

El silencio de la Presidenta hacía temer que esta ofensiva fuera algo más que efervescencia de campaña en sus primeros tramos. Hasta el habitualmente silencioso Scioli respondió a algunos de sus más duros críticos (en el mismo bajo nivel) a través de un tercero. Realmente la cosa parecía angustiante ¿Acaso sería verdad el rumor que daba a la Dra. Fernández de Kirchner la intención de jugar a perder en 2015 para retornar triunfante después de un año de experiencia destructiva de la antipatria en la Rosada?

Sin dar por los rumores más de lo que valen, cabe agregar que el 13 de marzo, por la oficiosa Radio del Plata, un periodista insinuó que la Dra. Fernández de Kirchner pensaba en impedirle a Scioli presentarse a las internas del FpV, lo que lo obligaría a ir con lista propia por “afuera”. El fantasma de las elecciones capitalinas en las cuales la partición del campo nacional entre Filmus y Telerman le abrió el camino a Mauricio Macri hizo sonar muchas alarmas.

Desde Patria y Pueblo, ante ese panorama, creímos conveniente alertar (y lo hicimos por todos los medios a nuestro alcance, sin por ello brindarle armas al enemigo común) que
1)  Nos oponíamos a la digitación de candidatos ante la posible tentación de algunos compañeros del campo Nacional de sustituir la voluntad de las bases por la voluntad única de un dirigente.
2)  Ese proceder, advertíamos, comprometería la unidad del frente y en consecuencia le entregaría el poder a la oligarquía en bandeja.
3)  Y agregábamos que la “peor” candidatura del campo nacional no tenía punto de comparación con el mejor candidato de la oligarquía, en cuanto a las consecuencias políticas, económicas y sociales que el retorno de los brujos conlleva.

El 19 y 20 de marzo, el diputado Carlos Kunkel disipó las peores dudas cuando afirmó (en dos oportunidades distintas) que la “interna grande” del campo nacional se definirá entre dos listas, una con Randazzo como candidato a presidente, la otra con Scioli.

Kunkel agregó que a su modo de ver Randazzo defendería una posición más claramente peronista y Scioli otra con ciertos ribetes liberales. Mientras que la campaña no gire en torno a una carnicería salvaje, esto es auspicioso ya que si bien quedó coartada la más pura expresión soberana de la voluntad popular (la reelección de CFK) podemos llegar a tener una interna en la que esa voluntad popular se exprese libremente sobre dos alternativas.

Que cada cual muestre sus capacidades, que cada quien asuma compromisos programáticos, que todos indiquen hasta dónde están dispuestos a llegar para defender a la Patria en estos tiempos tan convulsionados en el mundo entero. El resto, el resto no importa: confiar en las masas de argentinos es suficiente.

La UCR
Antes aún de que se sancionara en Gualeguaychú la unión matrimonial PRO-UCR (con el comadronazgo, dicho sea de paso, de la Dra. Carrió, siempre lista para hacer el trabajo sucio, esta vez en el FA-UNEN), ya se veía que el crecimiento en las encuestas de Mauricio Macri se alimenta predominantemente del descorazonado electorado radical, aflorando toda la inseguridad y ambivalencia de la clase que lo compone.

Esa debilidad del radicalismo bien puede, otra vez, hacerlo responsable de cualquier eventual frustración del proyecto nacional. Ya ocurrió en 1946, en 1955 y en 1976 ¿Porqué no hoy?

ANTE UN NUEVO 24 DE MARZO

Una vez más, como todos los años, nos reunimos para conmemorar el 24 de marzo, para recordar la fecha fatídica de 1976 en que la espiral de violencia que azotaba al país terminó de convertirse, definitivamente, en el imperio del terrorismo de Estado y la transformación en norma de gobierno de todas las violaciones a los derechos humanos habidas y por haber.

El régimen instalado en esa fecha pretextó un estado de insurgencia para derrocar un gobierno que, más allá de sus defectos, e incluso más allá de que las violaciones a los derechos humanos se iniciaron durante su vigencia, seguía siendo el último hilo que vinculaba la institucionalidad del país con la soberanía popular y por lo tanto era infinitamente más legítimo que la negra noche que lo sucedió.

Ni existía esa insurgencia, ni ese gobierno derrocado iba a durar mucho más: en pocos meses habría elecciones, y con toda seguridad iba a ser reemplazado.

Pero lo que se deseaba no era combatir a quienes, equivocadamente, habían desoído los llamados a deponer las armas antes de que se produjera la contrarrevolución. Esos compatriotas, en aras de un ideal que se puede compartir o no, se hundieron en una trágica confrontación desigual con lo que no era sino una versión renacida del viejo ejército mitrista, experto en asesinatos, violaciones, muerte de prisioneros en condiciones atroces, aplicación de torturas, ladrón y saqueador.

Pero no fueron ellos las únicas víctimas de la masacre espeluznante y horrible. Las tropas que la perpetraron fueron instruidas por agentes de potencias colonialistas entre las que sabemos positivamente que estuvieron al menos Francia y Estados Unidos. Pero perfeccionaron los métodos aprendidos, llevándolos a un grado de horror pocas veces visto en la historia de la humanidad. Pero no fue ese, como bien señaló Rodolfo Walsh en su Carta a los Tres Comandantes (cuya difusión le costó la vida), el peor de los crímenes de esa conducción militar gorila.

El peor de los crímenes fue la destrucción, el arrasamiento, la demolición sistemática y puntillosa, de las bases mismas de la relativamente alta independencia y soberanía económica, política y social que había alcanzado la Argentina en el ciclo abierto el 17 de octubre de 1945, y que los golpistas de 1955 y fusiladores de 1956 no habían logrado cerrar.

El objetivo de los militares de ese momento fue servir al interés de civiles denodadamente dispuestos a ponerle fin a las aspiraciones de industrialización, la autonomía económica, la justicia social, la independencia cultural y la vocación latinoamericana del pueblo argentino. Ellas se arraigaban, todas, en la potente clase trabajadora que había promovido la industrialización junto al aparato del Estado bajo el comando de Juan Perón.

Muerto Perón, había llegado el momento de matar a esa clase trabajadora, aunque más no fuera al precio de destrozar el país entero.

Muchos motivos hacen que esa fecha empezara algo que sus promotores (y principales beneficiarios) civiles deseaban eterno pero finalmente terminó, sin embargo. El principal fue la sorda, dura, violenta a veces pero siempre pertinaz y cada vez más masiva resistencia de las masas argentinas. En una gesta que todavía no tiene quien la escriba, las masas lograron romper el ciclo mortal de liquidación de la industria y endeudamiento en un largo trayecto de combates que estallaron finalmente en la liquidación de la continuidad republicana del régimen dictatorial el 19 y 20 de diciembre de 2001.

Fue gracias a ese alzamiento que las clases sociales que patrocinaron, sostuvieron, apoyaron, brindaron cuadros y defendieron en el exterior el régimen de violación de los derechos humanos del terrorismo de Estado se vieron obligadas a retroceder, después de haber dominado tras bambalinas todo el período del vasallaje republicano que nace con las elecciones de 1983 y muere en diciembre de 2001.

Desde que el Dr. Néstor Kirchner (y luego su compañera Cristina Fernández de Kirchner) asumieron la presidencia de la Nación, hemos dado gigantescos saltos para salir del infierno en que estábamos hundidos.

Quedan, sin embargo, los más difíciles, justo cuando a los mismos que hicieron el golpe de Estado de 1976 les parece posible recuperar las palancas del poder a través del Ingeniero Mauricio Macri o algún clon de su zorruna personalidad. Porque aún no se le ha puesto el cascabel al gato.
Las viejas fuerzas del atraso y la miseria están al acecho, y alzan su cabeza con creciente impunidad y descaro. Desde la Embajada de los Estados Unidos, donde un legado imperial se da aires de nuevo Spruille Braden hasta las cenas de recolección de fondos de los mismos que incineran su documentación (y hacen arder diez argentinos) en los depósitos de una empresa imperialista experta en eliminar pruebas de delitos, toda la vieja oligarquía y los nuevos sátrapas de la economía concentrada y financierizada preparan su contragolpe.

Que, no lo dudemos ni por un instante, querrá ser más definitivo todavía que la felonía inconcebible que cometió el gran traidor Carlos Saúl Menem apenas asumió el poder.

Compatriotas, las violaciones a los derechos humanos empiezan siempre con la violación del primero de todos los derechos: el derecho a tener una patria digna que nos de buen cobijo a todos los que la construimos día tras día.

La mejor manera de conmemorar el 24 de marzo de 1976 es juramentarnos para que la cuestión de las violaciones cometidas se resuelva impidiendo las que piensan cometer.


A nuestra Presidenta Dra. Cristina Fernandez de Kirchner (carta enviada el 03-02-2015)

Buenos Aires, 3 de Febrero de 2015

Señora Presidenta de la Nación
Dra. Cristina Fernández de Kirchner

De nuestra mayor consideración:
El partido Patria y Pueblo – Socialistas de la Izquierda Nacional, desea hacerle llegar, en su nombre, en el de sus militantes y en el de sus partidarios y simpatizantes, el más claro y firme apoyo ante el embate desestabilizador que sufre actualmente su gobierno y, a través del mismo, el conjunto del pueblo argentino.

La muerte del Dr. Nisman, en circunstancias poco claras que, al momento de redactarse estas líneas, no parecen estar en vías de ser iluminadas por el desempeño de los funcionarios judiciales sobre quienes recayó su esclarecimiento, marca interrogantes de la máxima gravedad sobre tres puntos fundamentales de nuestra vida política e institucional.

En primer lugar, se reitera la contumaz rebelión de una fracción poderosa y militante de los integrantes de la administración de justicia, sobre la que nuestro partido viene alertando desde hace largos meses. 

Esa fracción supérstite del peor pasado argentino, enquistada en un poder que conserva prerrogativas previas a la emancipación, está intentando reemplazar en el rol de agente activo de desestabilización a los sectores agroexportadores pampeanos (“125”), a la mafia financiera enquistada ante todo en los grandes bancos fugadores de divisas (“evasión, dólar blue, ataques especulativos, etc.), a las fuerzas de seguridad, a los propagandistas interesados del Apocalipsis económico, y a los fondos buitre con sus empresas de relaciones públicas y organizaciones no gubernamentales que “operan sobre la sociedad civil”.

En segundo lugar, su gobierno enfrenta (y responde con la dureza necesaria) la independencia antiargentina de que disfrutaron, desde muchas décadas antes del 10 de diciembre de 1983, los servicios de inteligencia formulados en el canon antipopular del régimen de facto y fusilador instalado en setiembre de 1955. Nuestro partido recibe con positivo fervor sus disposiciones disolutivas y reorganizadoras de los “servicios”, y espera que a partir de ellas surja un nuevo sistema de inteligencia, orientado a defender la soberanía nacional y el derecho de los argentinos a decidir autónomamente nuestro destino.

Esto, señora Presidenta, nos lleva al tercer punto: Patria y Pueblo está seguro de no estar solo en ver la mano rectora y definitoria de una potencia extranjera detrás de todos estos acontecimientos destituyentes que el país entero enfrenta a través de su accionar decidido y enérgico. Vemos, y sabemos que no somos los únicos, que en la orquestación de todos estos acontecimientos, desde la presentación de la informe denuncia del Dr. Nisman hasta su aún turbio deceso, asoman la mano y el cerebro de la Embajada de los Estados Unidos de América.

Son múltiples, y usted los conoce mejor que nadie, los motivos de ese país para intentar debilitar su gobierno y, de ser posible, instigar su caída anticipada o prepararle, en su defecto, un final inglorioso. Pero el hecho mismo de que el embajador finalmente designado haya elegido iniciar sus actividades con un mensaje dirigido por las redes sociales al pueblo argentino, en vez de limitarse a la función diplomática que le compete, es en sí una luz roja que, a nuestro juicio, ameritaría como mínimo un reclamo de nuestro gobierno para que rinda las explicaciones del caso.

La alocución intencionada del Embajador Mamet durante el sepelio del fiscal Nisman deja cada vez menos lugar a las dudas. Estamos, señora Presidenta, ante las primeras luces de un intento de implantar en la Argentina otra más de las “revoluciones de color” que tanta muerte y desolación vienen dejando en el mundo entero desde hace ya un cuarto de siglo.

A las (in) conductas del embajador Mamet deben añadirse, como Ud. sabe, el pedido de “sancionar  y aislar a la Argentina, por el asesinato de Nisman”, del New York Times y la embestida de algunos legisladores demócratas y republicanos, pidiendo que se “exija” "una investigación seria", o se la encomiende a instancias internacionales. Todo lo cual, que implica tratarnos como a un país enemigo, responde, sin duda, a la voluntad de atacar la política soberana que lleva su gobierno, de la que no se soporta, en el norte, el manejo del conflicto con los buitres y la justicia norteamericana, los acuerdos con Rusia y China, la línea nacional en América Latina y el hecho, para ellos escandaloso, de que las fuerzas que rechazan las imposiciones imperialistas en Grecia, España y otros países nos  tomen como ejemplo al buscar la renegociación de la deuda externa y promover salidas del caos neoliberal basadas en criterios que privilegien la producción y el derecho al consumo de sus pueblos respectivos.

Señora Presidenta, tenemos la certeza de que el pueblo argentino se alineará detrás suyo sin el menor reparo en el caso de que usted y su gobierno decidan dar una batalla “preventiva” contra este nuevo Spruille Braden, que vino a la Argentina para hacer terminar del peor modo al mejor gobierno que tuvimos los argentinos desde la muerte del General Perón. Y con él, los socialistas de la Izquierda Nacional organizados en Patria y Pueblo sabremos hacer honor al compromiso que nuestro mismo nombre expresa.

Si Usted considerase conveniente mantener un encuentro político con integrantes de la dirección de nuestro partido, o establecer una reunión con un funcionario de su confianza, allí estaremos. Ante todo, está la Patria.

Mesa Ejecutiva Nacional
Nestor Gorojovsky, Secretario General
Bailón Jerez, Juan María Escobar, Rubén Rosmarino, Lorena Vazquez, Hugo Santos, 
Aurelio Argañaraz, Pablo López, Silvio Zuzulich, Edgardo Sánchez, Jacinto Paz.

DEBEMOS FRENAR LA NUEVA EMBESTIDA CONTRA EL GOBIERNO Y EL PUEBLO ARGENTINO

DECLARACIÓN 21-01-2015


El último engranaje puesto a funcionar para desestabilizar y desacreditar al Gobierno de la Dr. Cristina Fernández de Kirchner, tuvo un trágico final: el suicido del fiscal Nisman.

Alberto Nisman, una semana atrás, pretendía con un relato tosco y sin fundamentos asestar un nuevo golpe al Gobierno Nacional acusándolo de haber realizado "una alianza con los terroristas" bajo el argumento de negociar petróleo con el gobierno iraní a cambio de la verdad en la causa AMIA. El transcurrir de los días fue demostrando que el alegato del fiscal, lejos de buscar la verdad que todo el pueblo argentino demanda, pergeñaba otra campaña digna de Joseph Goebbels: “miente, miente que algo quedará”.

El variopinto opositor político, empresarial y periodístico intentó acusar al Gobierno de ineficiencia en la gestión, de clientelismo político, de corrupción económica, y por último, como muestra de lo inescrupuloso que es el Gobierno en particular y el peronismo en general, que era capaz de intercambiar verdad por acuerdos económicos espurios.

El dramático final del fiscal de la causa AMIA, es la culminación de la campaña en contra del Gobierno, es la prueba de que “no querían que declarará en el Congreso”. El suicidio de Nisman, en la más profunda soledad, no hace más que demostrar lo que los poderosos hacen con sus sirvientes, los usan en su beneficio y después los abandonan.

Los cables de WikiLeaks indican notoriamente que el fiscal tenía relación directa con la Embajada de Estados Unidos y el Mossad, de aquí que sus investigaciones estaban basadas en los intereses geopolíticos de otras naciones y no en la búsqueda de verdad y justicia ante el atentado perpetrado en nuestro país en 1994.

El Partido Patria y Pueblo, acompañando el sentir del pueblo argentino, solicita que el Poder Judicial este a la altura de los acontecimientos e indague con responsabilidad sobre las causas, y responsables si corresponden, del suicidio de Alberto Nisman. Por otra parte, es necesario determinar los sectores que impulsaron las denuncias contra la Dr. Cristina Fernández de Kirchner, quien promovió vigorosamente desde el Estado la búsqueda de justicia para todas las víctimas del atentado a la AMIA.

Se vuelve necesario advertir que detrás de esta maniobra destituyente se encuentra la Embajada Estadounidense, especialista en atentar contra los gobiernos populares de Latinoamérica y el mundo. Baste como ejemplo la desvergonzada presentación del nuevo embajador al pueblo argentino (https://www.youtube.com/watch?v=SygsMuu1fec), en donde Noah B. Mamet hace “campaña” al mejor estilo Spruille Braden. No es ingenua la presentación política de este diplomático extranjero y llamamos al Pueblo Argentino y al Gobierno Nacional a poner en vilo la desfachatez con que los funcionarios norteamericanos arremeten sistemáticamente contra nuestra estabilidad política, económica e institucional.

Este episodio, estimamos, no será el último. Es necesario terminar con la desestabilización permanente. Sean golpes de mercado u operaciones políticas es imprescindible que la conductora del Movimiento Nacional convoque a una gran movilización popular que logre detener la embestida de los poderes antinacionales y garantice la continuidad del Proyecto Nacional.

Mesa Ejecutiva Nacional
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Bailón Jerez, Juan María Escobar, Rubén Rosmarino, Lorena Vazquez, Hugo Santos,
Aurelio Argañaraz, Pablo López, Silvio Zuzulich, Edgardo Sánchez, Jacinto Paz.

LA PREGUNTA QUE NOS TENEMOS QUE HACER ll Editorial PyP 52

POR NÉSTOR GOROJOVSKY - SECRETARIO GENERAL DE PATRIA Y PUEBLO

"Yo, que vengo acá a hablarles como presidenta de todos los argentinos –y no vengo a buscar votos–, tengo que decirles con qué recursos les pagamos a ustedes los contratos y las licitaciones: con lo que recaudamos de impuestos, por ejemplo. Y es ahí donde comienzan a aparecer las diferencias con otras fuerzas políticas, donde dicen: “hay que eliminar o bajar el Impuesto a las Ganancias, hay que eliminar o bajar los derechos de exportación”. Y entonces, ahí está la pregunta: cómo hacemos para financiar todo esto, si no cobramos impuestos. Yo creo que son preguntas que nos tenemos que hacer."
Cristina Fernández de Kirchner a la 62ª Convención de la Cámara Argentina de la Construcción. Buenos Aires, 25 de noviembre de 2014

Compartimos el planteo que hizo la Dra. Fernández de Kirchner ante los grandes empresarios de la CAC. De hecho, esa pregunta está en el corazón de las propuestas que (de un modo algo distinto) hacemos los compañeros de Patria y Pueblo-Socialistas de la Izquierda Nacional.

El público ante el que la Dra. Fernández de Kirchner habló el 25 de noviembre impelía a preguntarse retóricamente si se puede gobernar sin percibir impuestos. Los máximos evasores y elusores impositivos de la República Argentina son las grandes empresas que, en el ámbito de la construcción, fichan en la CAC. La Dra. Kirchner usó la investidura presidencial para obligarlos a escuchar, resignados, una elegante pero dura e inequívoca reprimenda.

Patria y Pueblo apoya a la Presidenta de la Nación en la faena que ejecuta, sacrificada y eficazmente. Se pregunta, además, “qué clases y sectores sociales tienen que pagar los impuestos que fortalezcan al Estado argentino para que siga sirviendo a la voluntad de independencia económica, liberación nacional y unidad latinoamericana de nuestras grandes mayorías populares”.

Cuando, en respuesta a esta cuestión, el gobierno kirchnerista perfora el techo que impone el estricto cálculo de ganancias y pérdidas del balance contable, lo celebramos. Cuando se queda detrás, sin embargo, proponemos, al conjunto de los argentinos, una salida alternativa.

Lo primero ocurrió, por supuesto, en el tema fundamental de la deuda externa, cuyo manejo marcó la diferencia sustancial entre el kirchnerismo y sus predecesores inmediatos… y mostró que estábamos ante un gobierno que, más allá de las imputaciones que podrían habérsele hecho sobre el origen, recontactó la Casa Rosada con lo que ésta había sido cuando trabajaba en ella Juan Perón.

Como bien dicen el Dr. Eric Calcagno y su hijo, el diputado Alfredo Eric, “primero, el gobierno recuperó la soberanía financiera mediante el desligamiento del FMI; segundo, reestructuró la deuda externa (2005-2010); y tercero, aplicó una política de desendeudamiento”.

Gracias a ello, y por más que críticos tan feroces como mal encaminados nieguen los datos básicos de esta descripción, “dentro de la deuda pública total (deuda bruta), cambió la estructura de los acreedores: el 60% son agencias del gobierno. Además, disminuyó de modo sustancial el peso de la deuda pública externa: en 2004 era el 62% del PIB y en 2013 era del 11,6% … la carga de la deuda sobre el gasto público disminuyó radicalmente (fue de solamente 1,3% del PIB en 2013, gran parte del cual quedó dentro del propio sector público)”.

Todo esto se “salió” de las cuentas del balance, e “hizo posible recuperar la soberanía económica y el poder de decisión sobre nuestras propias políticas que había sido abandonado a las manos del FMI y otros acreedores”.

La segunda situación parece estar primando en el tema del mínimo no imponible al impuesto a las ganancias, donde hace falta una revolución copernicana equivalente a la que se hizo en el mucho más bravo terreno del endeudamiento externo. Aquí, efectivamente, el manejo “algebraico” del balance fiscal engendra un malestar en la población que puede terminar –como ya ha sucedido- regalándole innecesariamente masa electoral a la antipatria.

La distribución de la carga fiscal, es importante decirlo en primer lugar, subsidia a los más miserables, tal como denuncian los sectores más ruines de nuestra sociedad y nadie que no sea tan ruin como ellos debería atacar este gesto social y político de humanidad.

Pero también vemos que privilegia a los más acaudalados, por más que chillen contra la “presión fiscal”. Esa presión, entonces, recae exageradamente sobre las clases medias independientes y los asalariados legales y con mejores convenios.

La Presidenta de la Nación nunca deja de reiterar que los trabajadores “en blanco” y mejor remunerados., en tiempos de crisis mundial como los que nos tocan, tienen que cuidar sus empleos y ser solidarios con los peor pagos. Pero la mejor manera de cuidar los empleos consiste en atacar eficazmente a los grandes desempleadores. Y la mejor manera de elevar los ingresos de los estratos bajos de la pirámide salarial es poner a los sindicalistas que obtuvieron los mejores convenios a la cabeza de todo el movimiento obrero, y no al revés.

Para seguir sosteniendo los sistemas de apoyo y ayuda a los más desfavorecidos lo que corresponde hacer ahora es imponer adecuadamente a los sectores improductivos y golpistas. El rumbo elegido hasta ahora deja en el medio a la gran masa del pueblo, que es campo de batalla electoral entre el gobierno y sus enemigos. La política fiscal en marcha puede terminar llevándonos a una encerrona funesta.

La cuestión fiscal no se reduce a hacer justicia social e impulsar la actividad productiva del sector privado. Necesita tener en cuenta que según quién pague el peso del esfuerzo fiscal, y según quién se beneficie de él, será más fuerte o más débil el mejor gobierno que supimos darnos los argentinos desde la muerte del general Perón.

La política fiscal también forma parte de la política electoral. La Dra. Fernández de Kirchner no fue a “juntar votos” a la asamblea de la Cámara de la Construcción. Para un gobernante patriota, es más difícil cosechar ese tipo de apoyos que lograr que el señor Héctor Méndez convoque al economista Andrés Asiaín a desintoxicar ideológicamente la Unión Industrial Argentina. Pero los resultados de las acciones que sus palabras presiden se sienten, y con mucha fuerza, sobre el propio campo de apoyo (el existente y el potencial) del gobierno y del que lo suceda.(1)

En lo más inmediato, nos amenazan, desde las usinas de la derrota nacional, con un diciembre desestabilizado. Estabilizarlo (o, mejor aún, desestabilizar al enemigo de la Patria) está en las manos del gobierno nacional. La política fiscal constituye una de las claves de este tema. Clave que se enmarca en la vinculación más general entre gobierno y asalariados. Al cierre de esta edición, las distintas conducciones sindicales se empezaban a pronunciar en contra de la firme decisión presidencial de mantener en su nivel actual el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias.

Y es comprensible: con la misma fuerza con que el Dr. Vanoli destapa chanchullos rentísticos en las cuevas y cavernas financieras o el Dr. Kicilloff combate junto a nuestro Canciller a la usura internacional, con igual o superior empeño al que pone el Dr. Tomada en regularizar las múltiples formas de ilegalidad laboral conocidas como “trabajo en negro”, el gobierno nacional (y lo reafirmó la Dra. Kirchner en el discurso del 25) insiste en derivar parte de la carga fiscal a los ingresos de los asalariados mejor conveniados y mejor pagados.

En una situación crítica esto sería aceptable (siempre y cuando se lo explicara con lujo de detalles), porque el pueblo argentino nunca le sacó el cuerpo a la defensa del interés general de la Nación. Pero el gobierno nacional, además, insiste en liberar de carga fiscal las transacciones financieras, y otras actividades socialmente improductivas como los juegos de azar. E insiste en mantener los niveles de aporte patronal al sistema previsional en los números heredados del cavallismo. O, peor aún, elude eliminar las múltiples formas de contratación generadas durante el auge neoliberal o su concepto financiero y asegurador de la salud de los trabajadores.

Y, lo que es mucho más importante aún, no se decide a encarar una gran campaña nacional para devolverle a los argentinos el control de su comercio exterior y finiquitar la extorsión permanente de que nos hacen objeto los propietarios de la producción agropecuaria pampeana.

Todas y cada una de estas decisiones dañan, en primer lugar, al propio gobierno nacional que apoyamos. Le achican la base social, desmovilizan y dividen a quienes debería tener como pilar indoblegable de su accionar, e, incluso, le brindan campo abierto a la oposición gorila. Si ésta no avanza más, es por su propia incapacidad, pero no es buen criterio contar con los defectos del adversario en detrimento del propio fortalecimiento.

Patria y Pueblo sabe que el lugar que le corresponde a una fuerza socialista de izquierda nacional es seguir planteando las preguntas estratégicas, y ofrecer respuestas sin temor de diferenciarnos de un gobierno que sigue defendiendo la soberanía nacional y por ello merece nuestro respaldo. Para eso estamos, mientras el pueblo argentino hace su propio camino y nos mostramos dignos de su confianza.

-----------------------------------------

(1) Para Patria y Pueblo la encerrona electoral es en buena medida una consecuencia de la reticencia oficial en encarar una campaña que haga saltar los límites de las antidemocráticas cláusulas no reeleccionistas de la Constitución de 1994. Creemos que una sola persona concita el apoyo de las grandes mayorías, y que esa persona es la Dra. Fernández de Kirchner. Sobre esto estamos emitiendo un documento que se reproduce en la presente edición. Pero en esta editorial preferimos dedicarnos a cuestiones más inmediatas.

ANTE EL 2015, UNIDAD POPULAR O RESTAURACIÓN OLIGÁRQUICA

El principio rector de la democracia es el principio de la supremacía de la soberanía popular libremente expresada, sin limitación de ningún tipo. Ninguna norma puede recortar su libre ejercicio, deformarla o limitarla en algún sentido sin convertirse automáticamente en una disposición antidemocrática.
El modo en que se expresa la supremacía jurídica de la voluntad popular es el respeto a rajatabla del derecho a la plena expresión electoral de las masas. Ese respeto es por lo demás la única base de legitimación posible del estado de derecho.
No obstante, la Constitución de 1994 prohíbe la reelección sucesiva e indefinida para el cargo de presidente de la Nación. Esa limitación coarta gravemente a las masas populares el libre y pleno ejercicio de sus derechos democráticos, sustento necesario y exclusivo de toda legitimidad institucional. En consecuencia, el texto constitucional obstaculiza gravemente la plena vigencia del estado de derecho que todo texto constitucional debería asegurar.

La proscripción del pueblo
Nadie ignora que, si no la proscribiera la Constitución vigente, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner sería la candidata presidencial del Frente para la Victoria y se impondría en los comicios del año que viene. Si así no fuera, el pueblo argentino lo habría resuelto, en elecciones libres. Pero esa posibilidad está vedada por el orden legal vigente.
No hablamos, por tanto, de un derecho personal de la actual presidente. Atendemos al hecho de que pueda presentarse a la compulsa electoral, ya que ese es el único modo de que nuestro pueblo disponga (o no) su continuidad en el cargo.
Tanto la proscripción de Perón durante 18 años como la de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner cercenan la potestad soberana del pueblo. Ambos tienen como objetivo poner fin al proyecto nacional. El hilo conductor es la proscripción del pueblo y el cierre una vez más del ciclo popular
No podemos andar con remilgos “republicanos” cuando lo que está en juego es la suerte del proyecto nacional y el destino mismo de nuestro País y de la Patria Grande. La Izquierda Nacional está dispuesta a defender la soberanía del pueblo y a llevar adelante el Proyecto Nacional hasta las últimas consecuencias. No acatamos la estrategia de la oligarquía que nos impide participar con candidatos que concitan la mayor adhesión en el campo popular.
La mejor manera de comprender la importancia de la candidatura de la Dra. Fernández de Kirchner es observar las conductas de nuestros enemigos ante el discurso de su hijo Máximo en el estadio Diego Armando Maradona de Argentinos Júniors. La mera mención de una posible reelección les erizó la piel, y tratan de atar a la oposición con pactos espurios para asegurarse que no cederá frente a los derechos políticos del pueblo.
Así como el frente oligárquico suscribe ilegales compromisos de no reformar la Constitución ni dar quórum, el frente nacional está en todo su derecho de suscribir el compromiso de llamar a nuevas elecciones para garantizar el ejercicio pleno de la soberanía popular

El vicio de origen de la Constitución de 1994
Cabe señalar que no corresponde aquí el argumento de que ese orden legal es jurídicamente incuestionable dado que se trata de un precepto constitucional. Muy por el contrario, todo el texto de la Constitución de 1994 padece un vicio de origen que debe sanearse cuanto antes, en defensa precisamente de la pureza que deben tener las normas democráticas para que se las pueda esgrimir como fuente de legitimidad para cualquier gobierno, y en especial para un gobierno de base popular y orientación patriótica como el actual.
Efectivamente, el Poder Constituyente, fuente suprema de toda legitimidad, admitió en 1994 que sus deliberaciones se sometieran a lo acordado, a espaldas del pueblo argentino, por dos ciudadanos privados en lo que se terminó conociendo como el Pacto de Olivos. Esta cesión de jurisdicción es inadmisible hasta desde el punto de vista de la buena técnica jurídica, ya que el Poder Constituyente mal puede someterse a ningún otro, y mucho menos a un acuerdo entre privados.
Pero el Pacto es, esencialmente, políticamente inaceptable. Los firmantes eran el Dr. Carlos Saúl Menem y el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, cuyos intereses no consultaban en lo más mínimo el de la patria y del pueblo argentinos.
Menem se mantenía en el poder tras haber traicionado a sus votantes y ejecutado el programa del Almirante Isaac Rojas, con quien llegó a abrazarse en un acto público para reafirmar la dimensión de su felonía. Alfonsín era el jefe de un partido en retirada, que desde el poder intentó salvar las formalidades democráticas al precio de entregar la Nación a la voracidad imperialista y oligárquica.
Fueron estos los dos hombres que decidieron, por sí y ante sí, cuáles serían las atribuciones de la Constituyente. Solo el Obispo Jaime de Nevares se alzó contra ese atentado a la soberanía de la Asamblea. Este origen pone en cuestión incluso los eventuales puntos positivos de la Constitución de 1994. No es la primera vez que derechos formalmente “más avanzados” se usan en nuestro país para derogar otros sustancialmente más fundamentales.
El rechazo al derecho a la reelección presidencial indefinida tiene una raíz antidemocrática en general, y claramente antiperonista (es decir, antidemocrática y entreguista) en el caso argentino.
La Constituyente de 1957 admitió la derogación por decreto del texto de 1949, que abrogó al mismo tiempo el derecho a la libre reelección y los artículos 38, 39 y 40 que garantizaban la soberanía económica nacional. Se liquidó así el núcleo institucional previo al golpe de estado.
En 1994, después del vendaval procesista, alfonsinista y menemista con que se coronó el ciclo contrarrevolucionario abierto en junio y setiembre de 1955, lo único que había que asegurar a toda costa era la restricción de la voluntad soberana de las mayorías para impedir un nuevo salto adelante. Eso quedó garantizado por el pacto de Olivos, así como la Libertadora fue garantizada por la Constitución de 1957.
Aún aquello que no puede cuestionarse en el plano abstracto de lo jurídico, debe modificarse de todos modos porque su vicio político de origen hace que lesione un valor más alto, el ejercicio no restringido del derecho a elegir de las grandes mayorías.

Aquello que pactaron dos ciudadanos pueden anularlo las masas
Patria y Pueblo convoca a todas las fuerzas políticas del campo nacional, pero en particular al mayoritario peronismo -y muy en especial al kirchnerismo- a convocar a una movilización política de masas que exija al Congreso el llamado inmediato a una Asamblea Constituyente, para reformar la Constitución del Pacto de Olivos y corregir, particularmente, el artículo que prohíbe la reelección indefinida del presidente de la Nación, de modo de asegurar que la voluntad popular pueda expresarse sin condicionamiento alguno.
Recalcamos: el espíritu de esta disposición antidemocrática consiste en suplantar el respeto a la voluntad mayoritaria por el “consenso” favorable al interés minoritario y reemplazar el principio rector de la soberanía popular por el de la “alternancia”. Sus defensores pretenden sustituir con un periódico reparto de achuras la libre expresión de la voluntad popular, y a eso lo bautizan “democracia”. En toda Latinoamérica, este es el caballito de batalla de las fuerzas oligárquicas. Integra la estrategia del Consenso de Washington para reimplantar las políticas impuestas por los centros financieros del imperialismo mundial.
Nuestra decisión de no allanarnos a las reglas de juego de la oligarquía es inquebrantable, no solo con relación a esto sino también con relación al carácter del candidato. Entre uno “buenito y educado” y una “soberbia e intratable” nos quedamos con la segunda, porque soberbio y altanero debe ser el pueblo cuando de defender sus intereses se trata.
Hay aquí otro motivo más para impulsar la reelección indefinida. Si prosperase la propuesta y la Dra. Fernández de Kirchner fuere reelecta, al llegar a su tercer mandato bajo el empuje de las grandes masas se habrá legitimado con mucho mayor potencia que a través de una elección de rutina y la naturaleza de la nueva alianza de clases sobre la que discurrirá su accionar se verá reflejada en este último. Pero sería falaz argumentar que la proscripción afecta a la persona física Cristina Fernández de Kirchner. De ningún modo: afecta a una persona política colectiva, el pueblo argentino.
Nace de una constitución formalmente válida, pero de viciada legitimidad política, cuando no jurídica. Reformarla es un deber democrático inocultable. Corresponde, al menos, librar la batalla por ese objetivo. En caso de no hacerse así, se estará debilitando la legitimidad política del próximo gobierno de los argentinos.
Sin desmedro de considerar que la renuncia a ese combate no solo es un gravísimo error sino también una falta al mandato popular, Patria y Pueblo señala también al partido de gobierno que aún en ese caso se puede, al menos, asegurar que en las próximas elecciones se salvaguarde al menos parcialmente el principio de soberanía popular.

La democracia en el seno del campo popular
Si el propio partido de gobierno renunciara a luchar por la necesaria reforma, es preciso dar al trámite de elección del candidato presidencial del campo popular una modalidad que asegure la unidad de todas las tendencias que compiten en el seno del Frente para la Victoria y, en sentido general, tienda a reunir a la suma de los sectores y fuerzas sociales interesadas en sostener el rumbo iniciado en el 2003, con la presidencia de Néstor Kirchner, pertenezcan o no al Frente de la Victoria, estén o no agrupadas en “Unidos y Organizados”, etc.
Ante todo, debe asegurarse un debate franco, amplio y sin límites, de cara a las bases de apoyo al gobierno. Sin olvidar, no obstante, que los precandidatos del Frente tienen entre si diferencias de matices: por significativas que sean, no justifican una contienda feroz, o desorbitada, que disperse a los propios. Ni por un instante debe ignorarse que a todas las corrientes del campo nacional nos distancia, respecto al enemigo, un abismo ideológico y una oposición de proyectos antagónica, la que separa la lucha por el interés nacional y la inclusión social, que nos define como conjunto, de la lucha por retornar al orden neoliberal anterior a la crisis del 2001.
Ese objetivo reúne –ellos sí, férreamente agrupados en nuestra contra aunque se acuchillen entre sí por el puesto que quieren ocupar– a los núcleos de poder económico concentrado, la élite parasitaria que succiona al país y sus soportes políticos, Macri, Massa, Sanz, Binner, Cobos, Carrió, y otros. Como se ve en el vecino Brasil, por dispares que sean sus orientaciones programáticas, pueden sumar –con el apoyo del imperialismo y del sistema mediático- masa crítica suficiente como para derrotar a un candidato del campo nacional en segunda vuelta, o al menos dejarle una mayoría escueta que lo haga más maleable a sus conspiraciones.
El poder económico concentrado, el imperialismo y sus socios, no encuentran dificultades para generar modos de centralización política: tienen, es obvio, el poder real y su dominio es “algo dado”. Hasta una nulidad tiránica (Videla) o “democrática” (De la Rúa) les basta y sobra para sostener “el orden”. No ocurre lo mismo con las fuerzas populares, que precisan librar una dura lucha ideológica y práctica para dar al frente nacional una dirección que emerja del protagonismo de las masas y esté capacitada para sortear los escollos que el país enfrenta, para preservar sus logros y profundizar el rumbo.
La confrontación decisiva hará que el abanico contrarrevolucionario (más que opositor) se convierta en un coágulo petrificado capaz de descoser en nuestro campo las eventuales costuras flojas, evitables si se aseguran caminos de debate interno adecuados a la unidad que se requiere. No se trata de redactar un manual de modales aceptables. Se trata de encontrar las vías de confrontación y conciliación de las distintas tendencias legítimas que enriquezcan al conjunto de las fuerzas que integran el campo nacional.
Solo a partir de allí se tendrá la certeza de que, aun padeciendo los límites impuestos a la soberanía popular por un texto constitucional cuestionable, se podrá contar con un candidato que aglutine las fuerzas del conjunto y no las disperse. Las heridas evitables atentan contra la victoria.

La necesidad de preservar la unidad del campo propio
La elección de candidatos por métodos democráticos y el debate franco, unen y fortalecen al activo militante.
Lamentablemente, no siempre ha sido éste el caso. Hemos padecido candidatos y decisiones impuestas desde una cúpula poco receptiva de las advertencias críticas formuladas con franqueza, actitud que aprovechan los cuantiosos trepadores que, como alguna vez definiera Jorge Abelardo Ramos, se sirven del Estado con el pretexto de servirlo.
La imposición de candidatos, o de pactos a contramano de los programas, sin atender a la base, no unifica las fuerzas, aunque pretenda tal cosa; destruye, desmoraliza, desune, o, peor aún, propicia indirectamente conductas que perpetúan el hábito de los súbditos de la colonia española con relación al muy distante monarca: “obedecer de palabra… y hacer otra cosa”. La degradación del Estado nacional con respecto a los provinciales, y la de éstos con respecto a los municipios (otro efecto nefasto de la Constitución de 1994) potencia estos peligros.
Patria y Pueblo no tiene derecho ni intención de legislar sobre internas ajenas. Pero, por integrar desde siempre el campo nacional, la Izquierda Nacional, cuya expresión política somos hoy, puede y debe señalar su posición ante el desafío singular del 2015, en el que estará en juego el destino de la patria. Es la trascendencia de la cuestión, no nuestra opinión, la que impone un cuidado particular en los métodos.
No sacralizamos una u otra forma institucional, por razones formales: se trata de definir un modelo constructivo de relaciones internas, modos de convivencia y de discusión de las diferencias, entre las distintas clases que componen el frente nacional. La coyuntura sugiere evitar las prácticas que llevaron a la debilidad relativa del movimiento popular que se hizo notoria en las elecciones parlamentarias del 2013, cuyo resultado no puede explicarse solo planteando que fueron “parlamentarias de mitad de mandato”.

Verticalismo duro y legitimación blanda
Cuando está en juego el futuro mismo, sólo la claridad muestra el camino. La Izquierda Nacional siempre fue transparente y no dejará de serlo en la presente coyuntura.
Sin olvidar a quienes honran banderas antes que ascensos, tenemos en claro que la “rama política” es muy permeable a las sugestiones del que gobierna, sea Menem o Néstor Kirchner. Y en el mundo obrero, donde tenía respaldo el verticalismo efectivo del General Perón, pese a los avances en la distribución del ingreso y la recuperación de las paritarias, el liderazgo kirchnerista no logró construir una relación directa con las masas que se asemeje al liderazgo del General Perón.
Entre otras muchas cosas, no hubo aquí un 17 de Octubre, claro fundamento de la jefatura “incuestionable” del movimiento nacional. Esto lo soslayan los “aplaudidores” seriales tan concurrencistas a cuanto acto se les indique y siempre dispuestos a aplastar cualquier cuestionamiento… a quien circunstancialmente esté en el poder. La (real o supuesta) incuestionabilidad del mandato de Perón derivaba de la plenitud de la legitimación que recibió de la clase trabajadora argentina, que salió a jugarse la vida por él –y no retóricamente- en la hora incierta en que la conspiración antinacional lo había arrinconado.
Grandes son los títulos de Néstor y Cristina Kirchner en la defensa de la patria y el interés general del pueblo argentino, y muy en especial el de haber sabido interpretar el sentido del alzamiento masivo de diciembre de 2001 que empezó a clausurar el largo período de contrarrevolución abierto en 1955. Sin embargo, la legitimación plebiscitaria de Octubre del 45 se les ha negado. La movilización por un tercer mandato de la Dra. Kirchner bien podría ser un camino para obtener resultados similares, pero solo si se la encara con decisión de victoria, amplitud de miras y alianzas plenamente abarcativas.
La potencia movilizadora del movimiento obrero fue y será siempre decisiva a la hora de enfrentar al imperialismo mundial y sus socios internos. Como cimiento de la autoridad de un gobierno popular, no hay triunfo electoral, por espectacular que sea, que pueda suplantar a la movilización de masas. El ciudadano atomizado en millones de decisiones individuales ante las urnas no legitima con la misma potencia que la masa de partidarios dispuestos a todo para defender un proyecto en las calles.
Sin legitimación de masas ante la conspiración oligárquica, el ejercicio de la conducción vertical se aleja de la posición ratificada invariablemente por Perón. El verticalismo de Perón fue consecuencia de la legitimación. No la precede, surge después de ella. El intento de sostenerla sobre la base de una elección estupenda, pero de rutina (es decir no arrancada de las garras de la contrarrevolución para reelegir a Cristina Fernández de Kirchner), provocó más problemas que soluciones. Por ejemplo, facilitó las maniobras de seducción extraña encaradas por Massa y otros impresentables, cuyo “éxito” explica los rasgos específicos que tuvo la mengua electoral sufrida en el 2013, que canceló las chances de reformar la constitución y restablecer el derecho del pueblo argentino a reelegir sin trabas a un líder nacional.
Es hora de tomar nota, creemos, de las debilidades que impone el modo verticalista de conducción política, una flaqueza ya observada por Perón mismo, cuando denunció que lo rodeaban “adulones y chupamedias”, sin alterar, no obstante, ese modo de conducción, que generó el distanciamiento de grandes patriotas como Jauretche y Scalabrini, “sustituidos” por una corte de burócratas incondicionales.

POR TODO LO DICHO, PATRIA Y PUEBLO RESUELVE:
1.       Instar a los compañeros del Frente para la Victoria a luchar por la reelección presidencial indefinida; plantear la exigencia a las fuerzas democráticas de apoyar el llamado a una Convención Constituyente y reformar la constitución del Pacto de Olivos. Lanzar una campaña de movilización política de las grandes masas en apoyo a la medida, reclamando la supresión de la cláusula proscriptiva actual. En ese combate, Patria y Pueblo estará presente con toda su decisión militante y patriótica. La mayoría del pueblo argentino, ante la legitimidad del reclamo, se sumará a la iniciativa. Organizaciones sociales y, especialmente, el movimiento obrero, tendrán un papel de primer orden.

2.      Si dicho objetivo no pudiera alcanzarse o las tendencias del Frente para la Victoria lo desecharan como meta, sin desmedro de nuestra opinión contraria a esto último convocamos a que en la medida de lo posible el candidato que facilite la unión y ampliación de las fuerzas que componen el campo popular con miras a las elecciones de 2015 surja de un debate franco entre los más diversos integrantes del campo nacional.
a.            Este debate deberá incluir también la propuesta de un pacto patriótico que incorpore a la plataforma de todos los elegibles el compromiso de convocar una reforma constitucional que elimine toda cláusula proscriptiva y de considerar un mecanismo para que nuevas elecciones, si se considera adecuado, terminen de perfeccionar el proceso de legitimación así abierto.

3.       Advertir que el país enfrenta enormes desafíos, junto a los pueblos hermanos de la América Latina, en medio de una crisis que lleva al mundo a conflictos mayúsculos. Los cambios de índole institucional deben servir para consolidar un movimiento nacional de amplitud y fortaleza acordes a los desafíos que aquello representa. Enfrentar este planeta turbulento exigirá que se tomen las disposiciones necesarias para consolidar aciertos aglutinadores y corregir errores dispersivos del pasado reciente, puesto que de estos últimos solo se benefician los enemigos de nuestra patria.

4.        Señalar enfáticamente que deben superarse los conflictos y distanciamientos en la relación entre el gobierno, el movimiento obrero y la pequeña burguesía (en particular, aunque no exclusivamente, asalariada), para cerrar filas con la totalidad de los sectores objetivamente interesados en defender lo nacional y neutralizar la capacidad de confundir de los cantos de sirena que, por “izquierda” o por “derecha”, puedan erosionarnos y dar ventajas al bloque antinacional.

5.        Restaurar plenamente el respaldo de la clase trabajadora y los sectores más populares de nuestra clase media. Estas bases de apoyo no se sustituirán buscando sin tino la simpatía de sectores democrático-liberales de la pequeña burguesía, por la vía del sometimiento del conjunto del movimiento a sus prejuicios y no a sus virtudes mientras se encapsula al núcleo histórico del movimiento nacional en una obediencia ciega contraproducente.

​Buenos Aires, 3 de diciembre de 2014


Mesa Ejecutiva Nacional
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Bailón Jerez, Juan María Escobar,  Pablo López, Rubén Rosmarino, Lorena Vazquez, Hugo Santos, Aurelio Argañaraz,Silvio Zuzulich, Edgardo Sánchez, Jacinto Paz